La tormenta azotaba de lleno a Gaernitia. El pueblo entero estaba sumido en la oscuridad de la noche, el viento soplaba entre las casas y la lluvia anegaba las calles. Los habitantes del villorrio, refugiados en sus casas, eran ajenos a la tragedia que se fraguaba a las afueras, en Villamanguillas.
La mitad oeste del caserón se había hundido en el fango, mientras la otra mitad luchaba inestable en medio de un rio de lodo. Luciana, Isabella y Ariadna trepaban por muebles y escaleras tratando de llegar al punto más alto de la mansión. En mitad de la tempestad, entre los truenos, Ariarina Aritendiana escuchó un débil sonido, y pronto se dio cuenta de que era el teléfono, que de manera milagrosa continuaba funcionando. Hizo un esfuerzo inhumano por responder, y encontró al otro lado a su amiga Florencia Rosalinda:
-¿Dónde estais? me teneis preocupada- dijo Florencia Rosalinda, de manera entrecortada entre interferencias.
-¡Florencia Rosalinda Abigail Cristal! -respondió Ariadna- ¡Cuanto me alegra oirte! ¡Eres nuestra salvación! Manda ayuda deprisa, la mansión se hunde, estamos todas dentro. ¿Florencia? ¿Me oyes Florencia?
Ariadna Aritendiana se arrepintió de haber invocado el nombre completo de su amiga, pues para ese momento la coomunicación se había cortado y ante sus propios ojos veía como el poste de teléfono se tambaleaba y posteriormente se precipitaba sobre la casa.
El poste destrozó el muro de la habitación donde se encontraban Luciana e Isabella, hundiendo el suelo en una gran grieta por donde se deslizó Isabel Miranda, a la que en el último instante pudo rescatar su hermana asiéndola por la mano.
-No me sueltes, Luciana Francisca, no me sueltes.
-No te voy a soltar, tranquila.
Sin embargo la casa se hundía poco a poco.
De pronto, un nuevo estruendo, un nuevo trueno sonó, pero se mantuvo en el tiempo y cada vez se hacía más fuerte. De pronto una luz se iluminó en el cielo y apareció un helicóptero que lanzó una escalera a las muchachas. ¡Estaban salvadas! Asomando la cabecilla desde el helicóptero se encontraba su amiga Florencia Rosalinda.
Mientras tanto, por las carreteras llenas de curvas de las montañas, un Mercedes pasaba a toda velocidad el cartel que marcaba el límite de Gaernitia. Guillem conducía el coche, los ojos fijos en la carretera, mientras Carmen Dorotea aún no se podía creer lo que estaba haciendo: robar el documento de la herencia de Ángela de los Mangurriales para posteriormente chantajear a las hermanas Mangurriales desde el paraiso fiscal de Islas Pilarinas. Fue en ese momento, y solo en ese momento, cuando Carmen Dorotea se dio cuenta de que Isabel Miranda se había convertido realmente en su amiga.
-¡Para, Guillem, no podemos hacer esto!- gritó Carmen Dorotea
-¡Deja las drogas!- contestó Guillem - ¿Llevamos meses planeando esto y ahora quieres que pare?
-¡Sí, para, no quiero formar parte de esta farsa!
-Se ha vuelto loca, se ha vuelto loca, se ha vuelto loca...- se limitó a canturrear Guillem
-¡¡Que pares!!-dijo Carmen Dorotea embriagada de ira.
En ese momento un gato se cruzó en la carretera y Guillem, tratando de esquivarlo, dió un giro inesperado. El coche derrapó en la calzada rebosante de agua, chocó con la mediana destrozándola y finalmete cayó por un despeñadero.
----------------------
A la mañana siguiente la tormenta solo era un vago recuerdo. lucía un sol espléndido. Sin embargo la casa amaneció mediodestruida. El ala de madera estaba totalmente hundida, mientras que la de piedra aún se mantenía en pie como un vago recuerdo de lo que en otros tiempos fuere Villamanguillas.
Las hermanas observaban la escena un tanto anonadadas.
-Bueno, tendremos que ponernos manos a la obra para reconstruirla- dijo Luciana.
-Estoy de acuerdo- contestó Isabella.
Corriendo de entre las ruinas apareció Ariadna con algo entre las manos.
-¡Mirad lo que he encontrado, mirad lo que he encontrado!
Se trataba de una pequeña caja de música, que de pronto se le resvaló de las manos y se abrió en elñ suelo. Sonó una alegre musiquilla (a la par que misteriosa) y de su interior salió una llave. Las dos hermanas se miraron con ojitos.
----------------------------------------------------------
Mientras tanto en Nápoles Ana Merixell se despertaba con el sonido del teléfono.
-¿Quién es?
A medida que recibía las noticias del accidente del mercedes, su cara fue cambiando hasta ponerse blanca, y finalmente ahogó un grito.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!
Fin de la primera temporada.
martes, 14 de octubre de 2008
sábado, 19 de mayo de 2007
Dos hermanas
Una noche oscura a las afueras de Gaernitia, en la toscana italiana. Una mujer está dando a luz con la única compañia de su tia y el mozo del establo.
La mujer da a luz a una niña, pero de pronto... ¡Sorpresa, sorpresa! Otra criatura está en camino, otra niña. La madre, que no ha sido capaz de soportar el parto, mientras exhala sus últimas respiraciones, pide a su tia, la señora Ángela, que se haga cargo de las niñas y les pone un nombre a cada una: Luciana Francisca e Isabel Miranda. Acto seguido muere.
La señora Ángela, que se siente demasiado mayor para quedarse a cargo de dos criaturas, encarga al mozo del establo que viaje hasta Nápoles con una de ellas y se la entregue a unos conocidos de su confianza.
Alguien, desde la rendija de la puerta, ha observado toda la escena.
25 años después
Isabel Miranda trabaja en la finca de su tia abuela Ángela. Por la mañana ayuda en los campos y por la tarde acude a las clases que se imparten en Gaernitia para futuros profesores, con su inseparable amiga Florencia Rosalinda, con la que ha compartido algunos de los mejores momentos de su vida y a la que considera la hermana que nunca tuvo.
A pesar de que su tia osee una de las grandes fortunas de Italia, vive en su rústica finca de Gaernitia desde hace muchos años, y por ello Isabel Miranda ha llevado una vida de campesina total.
Un día, regresando de sus clases vespertinas, Isabel Miranda escucha revuelo en la finca. Todos los sirvientes se arremolinan alrededor de un punto en el campo. Isabel Miranda, temiéndose lo peor, corre hacia el lugar y tras apartar a todo tipo de campesinos, encuentra el cuerpo sin vida de su tia abuela Ángela.
Isabel Miranda cae desmayada al suelo. Cuando despierta, en una cama de la vieja casa, cree estar sola en la habitación, pero pronto descubre dos figuras: una, la de Alberto Jonás, hombre de confianza de su tia abuela, que apenas si se ha separado del lecho mientras Isabel dormia; la otra es una mujer. Su cara le resulta conocida a Isabel Miranda, pero no sabe quien es.
- Hola, soy Carmen Dorotea - dice suavemente - la abogada de tu familia.
Isabel Miranda mira hacia otro lado. En ese momento no está dispuesta a hacer los trámites legales.
- Vamos, Isabel Miranda - continua Carmen Dorotea - se que es duro, pero tienes que afrontar la realidad: tu tia abuela a muerto y ahora tú eres la que está al frente de su fortuna. Y tienes que ser fuerte.
Fortuna. Isabel Miranda no puede evitar que los ojos le hagan chiribitas y se da la vuelta rápidamente. Siempre había deseado que llegara ese momento, aunque no de esta manera... De todas formas, si el destino lo había querido así sería por algo.
- Carmen Dorotea - dice Isabel Miranda con voz débil pero firme - se lo que tengo que hacer. ¡Lo se! Y creeme, puedes confiar en mi, porque yo dirigiré con mano firme la fortuna de mi tia. Así lo haré.
-Lo se - contesta con aires misteriosos y poniendo ojitos Carmen Dorotea - lo se...
Alberto Jonás abandona silenciósamente la estancia y monta en su caballo en dirección a Gaernitia. Ha llegado el momento. El momento de ir a Nápoles.
La mujer da a luz a una niña, pero de pronto... ¡Sorpresa, sorpresa! Otra criatura está en camino, otra niña. La madre, que no ha sido capaz de soportar el parto, mientras exhala sus últimas respiraciones, pide a su tia, la señora Ángela, que se haga cargo de las niñas y les pone un nombre a cada una: Luciana Francisca e Isabel Miranda. Acto seguido muere.
La señora Ángela, que se siente demasiado mayor para quedarse a cargo de dos criaturas, encarga al mozo del establo que viaje hasta Nápoles con una de ellas y se la entregue a unos conocidos de su confianza.
Alguien, desde la rendija de la puerta, ha observado toda la escena.
25 años después
Isabel Miranda trabaja en la finca de su tia abuela Ángela. Por la mañana ayuda en los campos y por la tarde acude a las clases que se imparten en Gaernitia para futuros profesores, con su inseparable amiga Florencia Rosalinda, con la que ha compartido algunos de los mejores momentos de su vida y a la que considera la hermana que nunca tuvo.
A pesar de que su tia osee una de las grandes fortunas de Italia, vive en su rústica finca de Gaernitia desde hace muchos años, y por ello Isabel Miranda ha llevado una vida de campesina total.
Un día, regresando de sus clases vespertinas, Isabel Miranda escucha revuelo en la finca. Todos los sirvientes se arremolinan alrededor de un punto en el campo. Isabel Miranda, temiéndose lo peor, corre hacia el lugar y tras apartar a todo tipo de campesinos, encuentra el cuerpo sin vida de su tia abuela Ángela.
Isabel Miranda cae desmayada al suelo. Cuando despierta, en una cama de la vieja casa, cree estar sola en la habitación, pero pronto descubre dos figuras: una, la de Alberto Jonás, hombre de confianza de su tia abuela, que apenas si se ha separado del lecho mientras Isabel dormia; la otra es una mujer. Su cara le resulta conocida a Isabel Miranda, pero no sabe quien es.
- Hola, soy Carmen Dorotea - dice suavemente - la abogada de tu familia.
Isabel Miranda mira hacia otro lado. En ese momento no está dispuesta a hacer los trámites legales.
- Vamos, Isabel Miranda - continua Carmen Dorotea - se que es duro, pero tienes que afrontar la realidad: tu tia abuela a muerto y ahora tú eres la que está al frente de su fortuna. Y tienes que ser fuerte.
Fortuna. Isabel Miranda no puede evitar que los ojos le hagan chiribitas y se da la vuelta rápidamente. Siempre había deseado que llegara ese momento, aunque no de esta manera... De todas formas, si el destino lo había querido así sería por algo.
- Carmen Dorotea - dice Isabel Miranda con voz débil pero firme - se lo que tengo que hacer. ¡Lo se! Y creeme, puedes confiar en mi, porque yo dirigiré con mano firme la fortuna de mi tia. Así lo haré.
-Lo se - contesta con aires misteriosos y poniendo ojitos Carmen Dorotea - lo se...
Alberto Jonás abandona silenciósamente la estancia y monta en su caballo en dirección a Gaernitia. Ha llegado el momento. El momento de ir a Nápoles.
viernes, 18 de mayo de 2007
Otra vida
Desde la terraza de la habitación del moderno ático que Luciana Francisca compartía con su hermana Ana Meritxell se podía ver toda la bahía de Nápoles con el puerto al fondo.
Luciana Francisca se despertó esa mañana tarde, con la música que sonaba en su radio-despertador. Era sábado, y eso quería decir que probablemente ella y Ana Meritxell irían a darse una vuelta en uno de los barcos de vela de alguno de los chicos del puerto.
Luciana Francisca se desperezó, salió al balcón a disfrutar de la agradable brisa napolitana, y luego se dirigió al salón para tomar el desayuno. Sin embargo, en ese salón, tomando una taza de café con Ana Meritxell, le esperaba una sorpresa.
Cuando salió de su cuarto encontró a Ana Meritxell sentada con su batín de seda azul a un lado de la barra americana que separaba el salón de la cocina, y al otro a un misterioso muchacho, con barba de 3 días y con pinta de no haberse duchado en otros tantos (vamos, que olía a chotún).
-¿Quién es el chico este?- pregúntó Luciana Francisca.
- Hola Luciana, te presento a Alberto Jonás, creo que tiene algo que contarte- dijo Ana Meritxell.
El chico (este) parecía cansado a la par que nervioso y lévemente asustado por la noticia que tenía que dar.
-¡Vamos, que pasa, dejad de haceros los sospechosos!- dijo Luciana Francisca.
A kilómetros de distancia, en Gaernitia, Isabel Miranda se dirigía a la oficina notarial en compañía de su abogada, Carmen Dorotea.
-¿Te das cuenta de que dentro de poco la mayor parte de este pueblo será tuya?- preguntó alegremente Carmen Dorotea.
-Aún no lo asumo, Carmen Dorotea, pero creeme, estaba preparada para este momento- contestó orgullosa Isabel Miranda.
En la distancia, en Nápoles, estaban a punto de dar una noticia que cambiaría toda la vida de Isabel Miranda... otra vez.
Luciana Francisca se despertó esa mañana tarde, con la música que sonaba en su radio-despertador. Era sábado, y eso quería decir que probablemente ella y Ana Meritxell irían a darse una vuelta en uno de los barcos de vela de alguno de los chicos del puerto.
Luciana Francisca se desperezó, salió al balcón a disfrutar de la agradable brisa napolitana, y luego se dirigió al salón para tomar el desayuno. Sin embargo, en ese salón, tomando una taza de café con Ana Meritxell, le esperaba una sorpresa.
Cuando salió de su cuarto encontró a Ana Meritxell sentada con su batín de seda azul a un lado de la barra americana que separaba el salón de la cocina, y al otro a un misterioso muchacho, con barba de 3 días y con pinta de no haberse duchado en otros tantos (vamos, que olía a chotún).
-¿Quién es el chico este?- pregúntó Luciana Francisca.
- Hola Luciana, te presento a Alberto Jonás, creo que tiene algo que contarte- dijo Ana Meritxell.
El chico (este) parecía cansado a la par que nervioso y lévemente asustado por la noticia que tenía que dar.
-¡Vamos, que pasa, dejad de haceros los sospechosos!- dijo Luciana Francisca.
A kilómetros de distancia, en Gaernitia, Isabel Miranda se dirigía a la oficina notarial en compañía de su abogada, Carmen Dorotea.
-¿Te das cuenta de que dentro de poco la mayor parte de este pueblo será tuya?- preguntó alegremente Carmen Dorotea.
-Aún no lo asumo, Carmen Dorotea, pero creeme, estaba preparada para este momento- contestó orgullosa Isabel Miranda.
En la distancia, en Nápoles, estaban a punto de dar una noticia que cambiaría toda la vida de Isabel Miranda... otra vez.
jueves, 17 de mayo de 2007
Las protagonistas de BDP invitadas a la gala de los Emmy
Varias de las protagonistas de Borracha de Poder acudieron a la gala anual de entrega de los Emmy que se celebró en el Teatro Chino de Los Ángeles, California. Aunque la serie no se encontraba entre las nominadas, ya que los premios se otorgan a los mejores programas del año pasado, Isabella y Lucianna fueron las encargadas de la entrega del premio a la mejor serie extranjera.
miércoles, 16 de mayo de 2007
Algo se acerca
-¡Habla!- gritó Luciana Francisca, entre nerviosa y enojada, mientras zarandeaba a Alberto Jonaso -¡Habla, quien quiera que seas!
-Tranquila- dijo Ana Meritxell, mientras intentaba contenerla- te lo va a contar todo, lo zarandees o no.
-¡De eso nada!- dijo de pronto Alberto Jonás, alejándose de ellas- no se si me habéis tomado por el pito del sereno, pero llevo varios días de viaje en carro hasta llegar aquí para contar la dichosa noticia, y no estoy dispuesto a que se me trate así. Me marcho.
Meritxell fue hacia Alberto Jonás.
-Perdónala, a veces tiene esos prontos, no aguanta bien los misterios, está enganchada a demasiadas series de ficción, y a menudo jamás ve los finales de temporada u otras personas le cuentan lo que va a ocurrir antes de tiempo.
-Está bien- dijo, tranquilizándose, Alberto Jonás, y quizá remordiéndole la conciencia el que él mismo, en el pasado, desvelara la identidad del asesino de Laura Palmer a un inocente muchacho- volveré a hablar con ella.
Mientras tanto, en la oficina notarial de Gaernitia, Carmen Dorotea e Isabel Miranda esperaban sentadas en la sala de espera, hechas un manojo de nervios.
-Carmen Dorotea- comenzó Isabel Miranda- hay algo que no entiendo de todo esto ¿Cómo es posible que tú estuvieras al tanto de todo el tema de la herencia? Yo ni siquiera te conocía.
-Sí, lo se, tu tía abuela intentó mantenerte al margen de todos estos mundos, para que vivieras en la inocencia, pero me encargó que a su muerte viniera ipso-facto para evitar que otras personas intentaran aprovecharse de la situación.
-¿Qué otras personas?
-Otras... personas- dijo Carmen Dorotea haciendo los clásicos ojitos que tanto la caracterizaban.
Mientras tanto, en Nápoles, y tras obligar a Luciana Francisca a tomarse una tila, Alberto Jonás se disponía a dar la noticia.
-Está bien- dijo- lo contaré todo de un tirón. Luciana Francisca, tú no eres la hermana de Ana Meritxella: eres adoptada.
-¿Cómo?- dijeron sorprendidas las dos muchachas.
-Si, asumidlo, y no me corteis más. Resulta que tu madre murió cuando te dio a luz, Luciana Francisaca. Bueno, cuando os dio a luz a ti... y a tu hermana.
-¿Cómo?- volvieron a decir, interrumpiendo de nuevo.
-Lo se, es impactante, pero no me cortéis. El caso es que como tu madre vio que estaba a punto de morir, le encargó vuestro cuidado a tu tía abuela, pero como ésta era un poco anciana, se vio sobrepasada y se quedó con tu hermana y a ti te mandó con una familia de confianza, la de Ana Meritxella.
-¿Cómo?
-Si, si, tal como lo oís. Pero si eso os ha parecido fuerte, aquí viene lo mejor: tu tía abuela acaba de morir, dejando toda su herencia a sus únicas herederas... tu hermana y ... ¡Tú!
-¿Cóoooooomoooo?
Y fue el último "como", porque acto seguido Luciana Francisca se desmayó.
-Tranquila- dijo Ana Meritxell, mientras intentaba contenerla- te lo va a contar todo, lo zarandees o no.
-¡De eso nada!- dijo de pronto Alberto Jonás, alejándose de ellas- no se si me habéis tomado por el pito del sereno, pero llevo varios días de viaje en carro hasta llegar aquí para contar la dichosa noticia, y no estoy dispuesto a que se me trate así. Me marcho.
Meritxell fue hacia Alberto Jonás.
-Perdónala, a veces tiene esos prontos, no aguanta bien los misterios, está enganchada a demasiadas series de ficción, y a menudo jamás ve los finales de temporada u otras personas le cuentan lo que va a ocurrir antes de tiempo.
-Está bien- dijo, tranquilizándose, Alberto Jonás, y quizá remordiéndole la conciencia el que él mismo, en el pasado, desvelara la identidad del asesino de Laura Palmer a un inocente muchacho- volveré a hablar con ella.
Mientras tanto, en la oficina notarial de Gaernitia, Carmen Dorotea e Isabel Miranda esperaban sentadas en la sala de espera, hechas un manojo de nervios.
-Carmen Dorotea- comenzó Isabel Miranda- hay algo que no entiendo de todo esto ¿Cómo es posible que tú estuvieras al tanto de todo el tema de la herencia? Yo ni siquiera te conocía.
-Sí, lo se, tu tía abuela intentó mantenerte al margen de todos estos mundos, para que vivieras en la inocencia, pero me encargó que a su muerte viniera ipso-facto para evitar que otras personas intentaran aprovecharse de la situación.
-¿Qué otras personas?
-Otras... personas- dijo Carmen Dorotea haciendo los clásicos ojitos que tanto la caracterizaban.
Mientras tanto, en Nápoles, y tras obligar a Luciana Francisca a tomarse una tila, Alberto Jonás se disponía a dar la noticia.
-Está bien- dijo- lo contaré todo de un tirón. Luciana Francisca, tú no eres la hermana de Ana Meritxella: eres adoptada.
-¿Cómo?- dijeron sorprendidas las dos muchachas.
-Si, asumidlo, y no me corteis más. Resulta que tu madre murió cuando te dio a luz, Luciana Francisaca. Bueno, cuando os dio a luz a ti... y a tu hermana.
-¿Cómo?- volvieron a decir, interrumpiendo de nuevo.
-Lo se, es impactante, pero no me cortéis. El caso es que como tu madre vio que estaba a punto de morir, le encargó vuestro cuidado a tu tía abuela, pero como ésta era un poco anciana, se vio sobrepasada y se quedó con tu hermana y a ti te mandó con una familia de confianza, la de Ana Meritxella.
-¿Cómo?
-Si, si, tal como lo oís. Pero si eso os ha parecido fuerte, aquí viene lo mejor: tu tía abuela acaba de morir, dejando toda su herencia a sus únicas herederas... tu hermana y ... ¡Tú!
-¿Cóoooooomoooo?
Y fue el último "como", porque acto seguido Luciana Francisca se desmayó.
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