viernes, 5 de diciembre de 2008

Capítulo 7, segunda temporada. Despiértame antes de irte

Un día más, Isabel Miranda había permanecido sentada en el sillón a los pies de la cama de la habitación del hospital donde su amiga Carmen Dorotea permanecía en coma. Estaba cansada y cada vez empezaba a estar menos convencida de que fuera a salir del coma. Todo el mundo se lo decía pero ella se resistía a creerlo. Por ello siempre esperaba que en cualquier momento Carmen Dorotea despertara y pudieran volver a hablar como antaño.

En ese momento llegó a la habitación Ana Meritxell. Desde la muerte de su hermano Guillem en el accidente de tráfico apenas se habían visto. Meritxella estaba cambiada, ya no parecía la misma, y se había distanciado de Luciana, a la que culpaba del accidente.

-Puedes marcharte, ya me quedo yo- dijo Ana Meritxell.

A Isabel Miranda le resultó extraño que Ana Meritxell dijera esas palabras, porque apenas conocía a Carmen Dorotea. Cualquier otra persona en su sano juicio, y más teniendo en cuenta que se encontraba dentro de una telenovela (cosa que Isabel Miranda no sabía), no hubiera dejado a esa muchacha a solas con Carmen Dorotea, dándole todas las posibilidades del mundo de que la desenchufará de las máquinas y la matara. Pero Isabel Miranda estaba demasiado cansada y decidió marcharse, sin encomendarse a Dios ni a la Virgen.

Ana Meritxell se quedó a solas con Carmen Dorotea y comenzó a hablar en confidencia con ella:

-Tú, tú ibas en ese coche y solo tú sabes lo que ocurrió. Apenas nos conocemos, pero te necesito, necesito que te despiertes, necesito vengar a mi hermano.

En ese momento Ana Meritxell metió la mano en su abrigo y sacó lentamente un objeto. Era la cajita de música que Ariadna encontró entre los escombros de la mansión, hundida en el barro.

-Toma, esto es lo único que queda de Villamanguillas, aquella herencia por la que tanto luchaste. Creo que debe ser tuyo.

Y dejando la cajita de música sobre la mesilla de noche, se marchó entre las sombras.

De pronto, en la oscuridad, la cajita de música se activó como un resorte, y comenzó a sonar su melodía en el silencio de la noche. En ese momento, e inesperadamente, Carmen Dorotea abrió sus ojos. Confundida, se retiró la mascarilla de oxígeno e intentó recordar lo que había ocurrido. Pasaron por su mente todas las imágenes del accidente, la herencia, y Luciana Francisca. Y en ese momento, roja de ira, agarró la cajita de música y la estrelló contra la pared.

La pequeña cajita quedó hecha pedazos en el suelo, aunque el mecanismo aún sonaba, mucho más debilmente. Un objeto en el suelo resplandecía iluminado por un rayo de luna que entraba por la ventana. Carmen Dorotea se levantó a ver lo que era, tambaleándose después de haber estado tanto tiempo encamada.

Sus ojos se abrieron como platos atónita al ver lo que tenía entre manos: el diamante más grande que había visto en su vida. Había estado todo ese tiempo encerrado en un compartimento secreto de esa cajita de música entrerrada desde tiempos ancestrales en los cimientos de Villamanguillas.

martes, 14 de octubre de 2008

Capítulo 23 (último de la 1ª temp.): Cuando el perro ladra

La tormenta azotaba de lleno a Gaernitia. El pueblo entero estaba sumido en la oscuridad de la noche, el viento soplaba entre las casas y la lluvia anegaba las calles. Los habitantes del villorrio, refugiados en sus casas, eran ajenos a la tragedia que se fraguaba a las afueras, en Villamanguillas.

La mitad oeste del caserón se había hundido en el fango, mientras la otra mitad luchaba inestable en medio de un rio de lodo. Luciana, Isabella y Ariadna trepaban por muebles y escaleras tratando de llegar al punto más alto de la mansión. En mitad de la tempestad, entre los truenos, Ariarina Aritendiana escuchó un débil sonido, y pronto se dio cuenta de que era el teléfono, que de manera milagrosa continuaba funcionando. Hizo un esfuerzo inhumano por responder, y encontró al otro lado a su amiga Florencia Rosalinda:

-¿Dónde estais? me teneis preocupada- dijo Florencia Rosalinda, de manera entrecortada entre interferencias.
-¡Florencia Rosalinda Abigail Cristal! -respondió Ariadna- ¡Cuanto me alegra oirte! ¡Eres nuestra salvación! Manda ayuda deprisa, la mansión se hunde, estamos todas dentro. ¿Florencia? ¿Me oyes Florencia?

Ariadna Aritendiana se arrepintió de haber invocado el nombre completo de su amiga, pues para ese momento la coomunicación se había cortado y ante sus propios ojos veía como el poste de teléfono se tambaleaba y posteriormente se precipitaba sobre la casa.

El poste destrozó el muro de la habitación donde se encontraban Luciana e Isabella, hundiendo el suelo en una gran grieta por donde se deslizó Isabel Miranda, a la que en el último instante pudo rescatar su hermana asiéndola por la mano.

-No me sueltes, Luciana Francisca, no me sueltes.
-No te voy a soltar, tranquila.

Sin embargo la casa se hundía poco a poco.

De pronto, un nuevo estruendo, un nuevo trueno sonó, pero se mantuvo en el tiempo y cada vez se hacía más fuerte. De pronto una luz se iluminó en el cielo y apareció un helicóptero que lanzó una escalera a las muchachas. ¡Estaban salvadas! Asomando la cabecilla desde el helicóptero se encontraba su amiga Florencia Rosalinda.

Mientras tanto, por las carreteras llenas de curvas de las montañas, un Mercedes pasaba a toda velocidad el cartel que marcaba el límite de Gaernitia. Guillem conducía el coche, los ojos fijos en la carretera, mientras Carmen Dorotea aún no se podía creer lo que estaba haciendo: robar el documento de la herencia de Ángela de los Mangurriales para posteriormente chantajear a las hermanas Mangurriales desde el paraiso fiscal de Islas Pilarinas. Fue en ese momento, y solo en ese momento, cuando Carmen Dorotea se dio cuenta de que Isabel Miranda se había convertido realmente en su amiga.

-¡Para, Guillem, no podemos hacer esto!- gritó Carmen Dorotea
-¡Deja las drogas!- contestó Guillem - ¿Llevamos meses planeando esto y ahora quieres que pare?
-¡Sí, para, no quiero formar parte de esta farsa!
-Se ha vuelto loca, se ha vuelto loca, se ha vuelto loca...- se limitó a canturrear Guillem
-¡¡Que pares!!-dijo Carmen Dorotea embriagada de ira.

En ese momento un gato se cruzó en la carretera y Guillem, tratando de esquivarlo, dió un giro inesperado. El coche derrapó en la calzada rebosante de agua, chocó con la mediana destrozándola y finalmete cayó por un despeñadero.

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A la mañana siguiente la tormenta solo era un vago recuerdo. lucía un sol espléndido. Sin embargo la casa amaneció mediodestruida. El ala de madera estaba totalmente hundida, mientras que la de piedra aún se mantenía en pie como un vago recuerdo de lo que en otros tiempos fuere Villamanguillas.

Las hermanas observaban la escena un tanto anonadadas.

-Bueno, tendremos que ponernos manos a la obra para reconstruirla- dijo Luciana.
-Estoy de acuerdo- contestó Isabella.

Corriendo de entre las ruinas apareció Ariadna con algo entre las manos.

-¡Mirad lo que he encontrado, mirad lo que he encontrado!

Se trataba de una pequeña caja de música, que de pronto se le resvaló de las manos y se abrió en elñ suelo. Sonó una alegre musiquilla (a la par que misteriosa) y de su interior salió una llave. Las dos hermanas se miraron con ojitos.

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Mientras tanto en Nápoles Ana Merixell se despertaba con el sonido del teléfono.

-¿Quién es?

A medida que recibía las noticias del accidente del mercedes, su cara fue cambiando hasta ponerse blanca, y finalmente ahogó un grito.

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!

Fin de la primera temporada.